La mayor parte de mi vida he mantenido la vocación y el propósito de ser inútil. A pesar de esa circunstancia personal he de reconocer que en muchas ocasiones, e incluso manteniéndolo en el tiempo, he sido útil. Pero no quiero que se me malinterprete, uno no ha querido ser un inútil, pero sí inútil, de esa forma en que lo es el Universo, y nuestro planeta como una parte de él, con eso tan peculiar que se ha producido en esta roca húmeda: la vida; una vida que fue inútil o útilmente tan diferente a la nuestra hace millones de años e, incluso, hace diez mil años, sin dejar de ser eso mismo que le es propio, vida. En este contexto que uno mismo plantea, lo que sí ha conseguido uno es no ser un útil, fundamental apuesta que no lleva a ningún lado, salvo al contento personal y, quizá, a que la vida humana, la propia y la de los congéneres, no sea solo explotación desde unos hacia otros, aunque no deje de serlo puesto que la vida humana, desde nuestro (o mi) punto de vista contiene todas las posibilidades posibles, las útiles, las inútiles, e incluso las que somos incapaces de calificar.

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