El otro día, tras volver de la biblioteca con una preciosa y variada carga, se me vino a la cabeza mi historia con los libros y la contemporaneidad; la historia de uno mismo con los libros que han sido publicados, o incluso escritos, mientras yo vivía y la relación que ha tenido uno con ellos, con su lectura o con la falta de ella (una relación que abarca más de cincuenta años con una interrupción durante tres que es inexplicable hasta para mí mismo). Salvo algún best seller, adquirido por mis padres y leído por mí en mi primera adolescencia, o incluso el caso de uno adquirido por mí mismo, casi todos los libros que he leído, y ahora me estoy refiriendo a literatura, inluso antes de que supiera o deseara que la literatura no tiene tiempo, no han sido disfrutados en el momento de su publicación, salvando también algunos ensayos y algunas obras de contemporáneos excepcionales como Cartarescu, Coetzee o García Márquez. Esta quizá curiosa rel...
Una de las circunstancias personales que me han sucedido y a las que me he acostumbrado sin yo buscarlo es SER GEOGRAFÍA. Cuando viajo, cuando camino, siento y quiero saber si voy a cruzar un río, si me acerco a unas montañas, si esa llanura que recorro se encuentra muy elevada sobre el nivel del mar, si el bosque que atravieso es enorme o minúsculo más allá de lo que mi mirada abarca. Si el camino se bifurca hasta poder llegar al infinito de las tierras de la Tierra... Y sé, intuyo, que una inmersión en el aire puede proporcionar justo lo que se echa de menos en la vida cotidiana. Sería como un caminar sin cimientos, un adentrarse en la nada plena e injustificada por nuestra presencia. Podría hacernos recordar que la belleza quizá sea la memoria de la verdad.