(ACONTECIMIENTOS) A los nueve años pude contemplar el mar por primera vez. En el momento en que se produjo ese acontecimiento que andando el tiempo supe que fue uno de los más importantes de mi vida, no podía saber que ya siempre lo echaría de menos, a él, a ella, al mar, que incluso lo haría cuando, como en esta época actual mía, puedo ir a pasear por sus orillas casi siempre que lo deseo. El deseo... Precisamente el deseo es aquello de lo que el mar fue emblema y símbolo desde que lo vi por primera vez. Volver al mar, a sus orillas abruptas o suaves, a sus horizontes infinitos o cercanos, a su humedad tan placentera como atractivamente hiriente, siempre ha sido un destino transformado en deseo que un día se hizo realidad en un lugar que no era poseído por el mar, aunque sí por todas las humedades de lo posible. Y el deseo, lo que ha sido y es motor de mi vida, tiene una epifanía o un imposible cumplimiento según su ...
El hoy, cada momento actual, es la clave de la vida; aunque solo seamos memoria y anhelo. La incertidumbre permite que nos acerquemos a la real realidad, única forma de aproximarse a la libertad. A veces me viene a la mente la recreación, el recuerdo, de un momento de viaje, uno en concreto de un viaje en particular. No puedo evitarlo. Casi siempre es de un viaje lejano en el tiempo y me deja suspendido en ese momento recreado con las sensaciones que entonces tuve o que creo hoy que tuve cuando lo viví, como si fuera el culmen de la vida, de mi vida. Es algún momento en que, precisamente, la vida del viaje se ha cotidianizado, ha creado la estimulante paradoja de que lo menos cotidiano, como es un viaje, se convierta en su contrario. Y justo ese recuerdo que recrea espacio y tiempo es el instante en que visito por primera vez un lugar deseado. Un lugar, que no una circunstancia, que mantuve en mi imaginación hasta conocerlo en directo, un lugar ...