El hoy, cada momento actual, es la clave de la vida; aunque solo seamos memoria y anhelo. La incertidumbre permite que nos acerquemos a la real realidad, única forma de aproximarse a la libertad. A veces me viene a la mente la recreación, el recuerdo, de un momento de viaje, uno en concreto de un viaje en particular. No puedo evitarlo. Casi siempre es de un viaje lejano en el tiempo y me deja suspendido en ese momento recreado con las sensaciones que entonces tuve o que creo hoy que tuve cuando lo viví, como si fuera el culmen de la vida, de mi vida. Es algún momento en que, precisamente, la vida del viaje se ha cotidianizado, ha creado la estimulante paradoja de que lo menos cotidiano, como es un viaje, se convierta en su contrario. Y justo ese recuerdo que recrea espacio y tiempo es el instante en que visito por primera vez un lugar deseado. Un lugar, que no una circunstancia, que mantuve en mi imaginación hasta conocerlo en directo, un lugar ...
(HISTORIA DEL TIEMPO) Erase una vez el tiempo en que este Alfonso / Trasindependiente, yo, refugiado en la piel de un hombre, era un niño; hace muchas, muchas lunas, al menos en apariencia. Estaba él con sus hermanos y primos pasando las vacaciones en un apartamento playero con una gran terraza, uno de cuyos lados tenía un grueso cristal que servía de frontera con la terraza vecina. Una tarde en que sus padres habían salido con sus tíos, los niños se quedaron al cuidado de la abuela, una jovial abuela que era todo cariño para sus nietos aunque se convirtiera en pura queja frente a sus hijas. Fue la tarde en que los padres de este que aparento ser yo se convirtieron en profetas. Seis niños y su abuela dejaban pasar el tiempo de una tarde veraniega en una terraza soleada y acariciada por la brisa marina. El pequeño Alfonso / Trasindependiente estaba sentado en una silla de espaldas al cristal fronterizo practicando eso que sus...