Ir al contenido principal

Entradas

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (15)

      Viajar lo es todo para mí. Una frase manida y que expresa muy bien lo que significa viajar para este casi humano. Ese ponerse en camino que siempre, en principio, tiene vuelta, significa para mí lo mejor de la vida. Lo es cuando no puedo viajar y deseo hacerlo, y lo es cuando lo hago y disfruto preparándolo y realizándolo.     El viajar es la excepción en una vida como la mía que no se dedica a ello permanentemente, pero quizá devuelva la posibilidad de que sea al contrario: la excepción es la vida sedentaria y la auténtica vida, por profunda y deseada, es la del viaje, aunque su duración sea menor. Es como la vida de un escritor, puede que no esté escribiendo siempre, que dedique unas horas al acto efectivo de escribir, pero siempre es un escritor, en cada momento vital, cotidiano, extraordinario o rutinario.     Disfrutar. Una evidencia que no lo es tanto. Se puede viajar para escapar, para esconderse, para no ver la otra realidad, la que parec...
Entradas recientes

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (14)

  Aunque no me gusta confesarme porque creo que la confesión es cosa de santurrones o criminales, y yo espero no llegar a ser ni lo uno ni lo otro, lo que ofrezco aquí supone para mí una auténtica confesión porque el tema afecta a mis fibras más íntimas. Hay que tener un poco de paciencia conmigo porque tocar este asunto es para mí como despertar al volcán de las palabras, así que lo que sigue va a ser un poco largo. Uno de los posibles destinos de cualquier buen libro es encontrar su momento y su lugar en lo que se refiere al lector que lo tiene entre sus manos. Hay libros nocturnos y diurnos, libros de montaña y de costa, libros viajeros y sedentarios, fríos y cálidos, insulares y continentales, libros que acarician y que provocan aspereza, libros para pensar y para reír, libros que arrebatan el tiempo y que lo hacen durar. Todas estas categorías y otras que no he citado no dependen de su contenido, de sus palabras, de la voluntad del autor, sino de la relación que entablan con s...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (13)

        (ACONTECIMIENTOS)     A los nueve años pude contemplar el mar por primera vez. En el momento en que se produjo ese acontecimiento que andando el tiempo supe que fue uno de los más importantes de mi vida, no podía saber que ya siempre lo echaría de menos, a él, a ella, al mar, que incluso lo haría cuando, como en esta época actual mía, puedo ir a pasear por sus orillas casi siempre que lo deseo. El deseo... Precisamente el deseo es aquello de lo que el mar fue emblema y símbolo desde que lo vi por primera vez.     Volver al mar, a sus orillas abruptas o suaves, a sus horizontes infinitos o cercanos, a su humedad tan placentera como atractivamente hiriente, siempre ha sido un destino transformado en deseo que un día se hizo realidad en un lugar que no era poseído por el mar, aunque sí por todas las humedades de lo posible.     Y el deseo, lo que ha sido y es motor de mi vida, tiene una epifanía o un imposible cumplimiento según su ...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (12)

    El hoy, cada momento actual, es la clave de la vida; aunque solo seamos memoria y anhelo.     La incertidumbre permite que nos acerquemos a la real realidad, única forma de aproximarse a la libertad.     A veces me viene a la mente la recreación, el recuerdo, de un momento de viaje, uno en concreto de un viaje en particular. No puedo evitarlo. Casi siempre es de un viaje lejano en el tiempo y me deja suspendido en ese momento recreado con las sensaciones que entonces tuve o que creo hoy que tuve cuando lo viví, como si fuera el culmen de la vida, de mi vida. Es algún momento en que, precisamente, la vida del viaje se ha cotidianizado, ha creado la estimulante paradoja de que lo menos cotidiano, como es un viaje, se convierta en su contrario. Y justo ese recuerdo que recrea espacio y tiempo es el instante en que visito por primera vez un lugar deseado. Un lugar, que no una circunstancia, que mantuve en mi imaginación hasta conocerlo en directo, un lugar ...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (11)

      (HISTORIA DEL TIEMPO)     Erase una vez el tiempo en que este Alfonso / Trasindependiente, yo, refugiado en la piel de un hombre, era un niño; hace muchas, muchas lunas, al menos en apariencia.     Estaba él con sus hermanos y primos pasando las vacaciones en un apartamento playero con una gran terraza, uno de cuyos lados tenía un grueso cristal que servía de frontera con la terraza vecina. Una tarde en que sus padres habían salido con sus tíos, los niños se quedaron al cuidado de la abuela, una jovial abuela que era todo cariño para sus nietos aunque se convirtiera en pura queja frente a sus hijas. Fue la tarde en que los padres de este que aparento ser yo se convirtieron en profetas.     Seis niños y su abuela dejaban pasar el tiempo de una tarde veraniega en una terraza soleada y acariciada por la brisa marina. El pequeño Alfonso / Trasindependiente estaba sentado en una silla de espaldas al cristal fronterizo practicando eso que sus...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (10)

      (APRENDER VIAJANDO)     Tras mucho desconocimiento, umbral necesario del conocimiento, tras no pocas búsquedas y algunos encuentros, aparece en la vida de uno, si es capaz de mantener vivo el deseo y si no considera la vida un coto cerrado sino un lugar en construcción permanente, algo así como una cabaña a la que siempre se añaden nuevas habitaciones, sótanos o incluso pisos que, a su vez se encuentran en permanente reforma. Aparece, decía, tras todo eso que es una vida que acepta la muerte como reverso necesario y deseado, la posibilidad de encontrarse con el conocimiento en plena actividad cotidiana, en plena lucha y descanso, en plena apertura y cierre de lo que uno quiere, puede y acepta.     Viajar es un motor de mi vida. Lo fue cuando no viajaba debido al deseo de hacerlo. Lo fue cuando comencé a viajar y comprendí que el deseo nunca terminaba su realización. Lo es cada vez que pienso en un viaje, cada vez que no puedo realizarlo, cada vez...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (9)

      Me gusta comer, claro, como a todo el mundo. Pues no, he aprendido con los años y el roce con pieles ajenas que no cualquiera disfruta tanto como yo comiendo. Y de ahí, de ese gusto especial y agudo, creo que me viene, en origen, mi afán por cocinar.     Qué difícil es decir esto cuando hoy cocinar es una narración televisiva y de internet convertida en carrera de perfección sin final ni recreación del gusto cotidiano.     No, para mí, para alguien que piensa que las narraciones se hacen con palabras escritas e imágenes imaginadas, cocinar es actividad previa a algo tan básico y maravilloso como comer. Es actividad que pierde, a medida que se practica, su propio ser de necesidad para alimentarse hasta convertirse en acción con potencia propia, no finalista, como si pudiera ocurrir que mezclar colores tuviera tanta entidad como aplicarlos sobre una superficie para hacer aflorar en ella arte.     De esa forma se deduce que lo mío en la co...