Me veo en la que fue mi habitación, el pequeño espacio de las contradicciones y las afirmaciones, del sufrir y del gozar, del olvidarse del tiempo, de sentirlo en su inexistencia agobiante. El lugar en el que me definí rodeado de madera, de libros, de la mesa en la que estudié y en la que descubrí mi pubertad. Es casi imposible resumir o citar el cúmulo de vida que allí quedó y que porto conmigo. La pienso ahora con regocijo, sin melancolía, y me alegro de poseerla, de que me haya poseído y siga viva en mí, con sus pequeñas dimensiones, con la cercanía de mis padres, con el deseo de su lejanía, con las noches, los descubrimientos, las actividades, los encuentros con los amigos, los juegos en solitario y en compañía. En aquella habitación cabe el infinito aunque yo sea finito, aunque una vez que me veo en ella todo sea simple y pequeño, un cúmulo de anécdotas intercambiables con muchos otros niños, adolescentes y jóvenes. Pero lo piense como lo piense y lo recuerde c...
En bastantes ocasiones, en conversaciones amistosas entre amigos o familiares y hablando de un tercero se hace referencia al vacío de su vida o a su vida vacía. Eso es algo que también leemos en novelas y escuchamos en películas. Yo mismo he pensado a veces que mi vida está vacía, pero reflexionando sobre esa reflexión mientras la memoria abre puertas y ventanas me he dado cuenta que tanto las conversaciones amistosas como las novelas, biografías, películas y mi propia reflexión se están refiriendo con ello sin saberlo a "una vida llena". Y ¿de qué?, de búsqueda, de melancolía, de usufructo de sensaciones, de pensamientos inútiles, de acciones para el arrepentimiento, de situaciones cuya eternidad se embosca en el alma, de apetitos sin diluir, de metas por alcanzar a las que nunca se llegará, de vidas paralelas y vidas tangentes que proporcionarán esquivas realidades a todo aquello que se echa de menos y empuja lo mejor que uno no posee hacia el lugar y el ti...