La rebeldía es mi signo. Ella me ha elegido desde que era un niño, lo supe sin saberlo cuando en un libro del colegio no comprendía que se ensalzara la patria y la bandera en relación con aquello tan terrible que yo imaginaba era la guerra. Es una rebeldía tranquila y pacífica que no desea la ceguera ante el cambio que padece el conservadurismo ni la ceguera acerca de saber quiénes somos y fuimos que ostenta el progresismo. Desde ella, desde mi rebeldía, reencontrarme con la obra rebelde de un artista rebelde es un auténtico gozo intelectual, sensorial e incluso erótico. En 1927 Joan Miró afirmó que quería asesinar el arte. Su obra posterior a dicha afirmación confirmó y desarrolló que aquellas palabras no eran un desliz provocativo de un joven en los inicios de su explosión creativa, sino todo un programa a desarrollar en su pintura y en los objetos que él incorporó a ella y refundó como esculturas. En la exposición del antiguo asesino del arte que actualmente se exhi...