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Mostrando entradas de abril, 2026

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (10)

      (APRENDER VIAJANDO)     Tras mucho desconocimiento, umbral necesario del conocimiento, tras no pocas búsquedas y algunos encuentros, aparece en la vida de uno, si es capaz de mantener vivo el deseo y si no considera la vida un coto cerrado sino un lugar en construcción permanente, algo así como una cabaña a la que siempre se añaden nuevas habitaciones, sótanos o incluso pisos que, a su vez se encuentran en permanente reforma. Aparece, decía, tras todo eso que es una vida que acepta la muerte como reverso necesario y deseado, la posibilidad de encontrarse con el conocimiento en plena actividad cotidiana, en plena lucha y descanso, en plena apertura y cierre de lo que uno quiere, puede y acepta.     Viajar es un motor de mi vida. Lo fue cuando no viajaba debido al deseo de hacerlo. Lo fue cuando comencé a viajar y comprendí que el deseo nunca terminaba su realización. Lo es cada vez que pienso en un viaje, cada vez que no puedo realizarlo, cada vez...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (9)

      Me gusta comer, claro, como a todo el mundo. Pues no, he aprendido con los años y el roce con pieles ajenas que no cualquiera disfruta tanto como yo comiendo. Y de ahí, de ese gusto especial y agudo, creo que me viene, en origen, mi afán por cocinar.     Qué difícil es decir esto cuando hoy cocinar es una narración televisiva y de internet convertida en carrera de perfección sin final ni recreación del gusto cotidiano.     No, para mí, para alguien que piensa que las narraciones se hacen con palabras escritas e imágenes imaginadas, cocinar es actividad previa a algo tan básico y maravilloso como comer. Es actividad que pierde, a medida que se practica, su propio ser de necesidad para alimentarse hasta convertirse en acción con potencia propia, no finalista, como si pudiera ocurrir que mezclar colores tuviera tanta entidad como aplicarlos sobre una superficie para hacer aflorar en ella arte.     De esa forma se deduce que lo mío en la co...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTONOMAS (8)

      Una de las tareas más importantes en mi vida, quizá la que más tras la de la convivencia con mis congéneres (amor, amistad, aguante, roce, …) es ir aprendiendo a no adjetivar la vida y a sí adjetivar el arte. Hablo del arte como actividad y realización muy amplias, de aquello que comprende todas las tareas inútiles y creativas que añaden más vida a la vida sin implicar a la supervivencia, hablo del arte como parte de la vida, pero también como si fuera una supravida que vivir en paralelo y tangencialmente a la vitalidad.     Buscar adjetivos cuando se escribe o, mejor dicho, mientras se narra, o no buscarlos y aparecer en lo poético, adjetivar las artes con las que uno se encuentra (expresionista en su momento o fuera de él, simbolista en su momento o fuera de él, tenebrista en su momento o fuera de él; todo un catálogo de adjetivos que acercando lo que la obra posee y ofrece quizá nos aleja de lo que la obra es y produce en nuestras mentes o espíritus) es...