(ACONTECIMIENTOS) A los nueve años pude contemplar el mar por primera vez. En el momento en que se produjo ese acontecimiento que andando el tiempo supe que fue uno de los más importantes de mi vida, no podía saber que ya siempre lo echaría de menos, a él, a ella, al mar, que incluso lo haría cuando, como en esta época actual mía, puedo ir a pasear por sus orillas casi siempre que lo deseo. El deseo... Precisamente el deseo es aquello de lo que el mar fue emblema y símbolo desde que lo vi por primera vez. Volver al mar, a sus orillas abruptas o suaves, a sus horizontes infinitos o cercanos, a su humedad tan placentera como atractivamente hiriente, siempre ha sido un destino transformado en deseo que un día se hizo realidad en un lugar que no era poseído por el mar, aunque sí por todas las humedades de lo posible. Y el deseo, lo que ha sido y es motor de mi vida, tiene una epifanía o un imposible cumplimiento según su ...