Ir al contenido principal

Entradas

Mostrando las entradas etiquetadas como cementerio

LO OCULTO

Cementerios antiguos y modernos. Europeos, americanos, africanos… Todos ellos ocultan la podredumbre como destino, todos ofrecen el recordatorio de quienes estuvieron para que los vivos puedan consolarse con un olvido reconvertido en ornato. La religión parece darles forma aunque no sea así, aunque sea el inaprehensible espíritu quien moldee sus superficies acuñadas en tan variadas formas. El ángel vigila que la pasión nunca deje de actuar en vivos y muertos. No hace nada, no dice. Mira.

PEQUEÑOS VIAJES A PIE IV (en Londres)

¿Qué se puede decir de Londres que no haya sido rozado y ofrecido antes por las insuperables plumas literales e imaginarias que van desde Charles Dickens hasta Ian McEwan? Con todo y con eso aquí va mi pequeña propuesta. Perderse en Londres es un lujo inefable que se puede producir en una ciudad que no lo es, inefable. Aun así ese deambular sin rumbo se ofrece como posible en un barrio como Hampstead. Un conjunto de calles en cuesta y un parque extraordinario por los que perderse, olvidando que Londres es la ciudad del aprovechamiento del tiempo con tantos horarios como barrios la constituyen. En el barrio de Hampstead no hay río ni City ni grandes monumentos, hay vida antigua y presente por la que discurrir, como si la humedad inglesa lubricara pensamientos y acciones del pasado y del presente con un futuro prometedor y tradicional. Quizá el hecho de que Karl Marx esté enterrado al norte del barrio lo marque de una forma indefinible, aunque ni John Keats, ni John Cons...

LUGAR

Cada quien busca su lugar, o lo encuentra. Cada quien necesita un lugar al que dirigirse, un lugar en el que refugiarse, un lugar al que volver. Cada quien tiene su lugar en sus orígenes y desea encontrar su lugar cerca o lejos de aquellos. A lo largo de la vida aparece o se escabulle el lugar, nunca definitivo, que deseamos. Y se van acumulando en nuestros sentimientos los lugares a los que les dimos nombre aunque ya lo tuvieran. Les dimos un nombre nuestro, ese que no se escribe con mayúscula y que lo es todo para cada uno de nosotros, o lo fue, o lo será en el recuerdo. Todos tenemos nuestro lugar bajo el cielo porque él nos acoge y nos zarandea con sus cambiantes inclemencias. Todos encontramos el lugar en la tierra porque nuestras pisadas, con voluntad o con deseo o sin conciencia, lo marcan indeleblemente. Todos miramos el mar como si pudiera acogernos, como si algún misterio de la vida se ocultara bajo esa superficie que niega nuestras pisadas. ...