Una de las circunstancias personales que me han sucedido y a las que me he acostumbrado sin yo buscarlo es SER GEOGRAFÍA.
Cuando viajo, cuando camino, siento y quiero saber si voy a cruzar un río, si me acerco a unas montañas, si esa llanura que recorro se encuentra muy elevada sobre el nivel del mar, si el bosque que atravieso es enorme o minúsculo más allá de lo que mi mirada abarca. Si el camino se bifurca hasta poder llegar al infinito de las tierras de la Tierra...
Y sé, intuyo, que una inmersión en el aire puede proporcionar justo lo que se echa de menos en la vida cotidiana.
Sería como un caminar sin cimientos, un adentrarse en la nada plena e injustificada por nuestra presencia.
Podría hacernos recordar que la belleza quizá sea la memoria de la verdad.


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