Ir al contenido principal

VIVIR, HABITAR






En permanente diálogo con la naturaleza habitamos el mundo. Un diálogo reconocible en los pequeños núcleos poblados por nosotros y aparentemente olvidado en las grandes concentraciones urbanas.

El vivir parece definirnos, pero eso es algo que tenemos en común con el resto de animales y plantas, incluso con los seres inanimados. Nuestro auténtico, único y propio existir se encuentra en el habitar. Habitamos en lugares que transformamos para hacerlos nuestros, como si pudiéramos inventar el espacio y el tiempo. No, no podemos inventar el lugar y la duración pero, en cambio, podemos narrarlos. Pequeños cuentos para pueblos y aldeas, y tremendas narraciones artificiosas, llenas de mitos y combates épicos para las grandes urbes.

A veces, algunas veces, la profundidad y sensibilidad que ofrecen el pequeño cuento, la reflexión no dilatada, o el aforismo, superan a la extensa narración épica adornada de complicación artificiosa que nos abruma con su grandeza y nos anula con su frialdad.

(En la imagen las misteriosas caras de Tiahuanaco, en Bolivia)

Comentarios

  1. Me gustan más los cuentos o relatos cortos que los relatos. Tal vez por lo que dices por la artificiosidad. Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Todo tiene su encanto, amigo Blas, aunque lo que llega, llega.

      Gracias y saludos.

      Eliminar
  2. Es verdad; no nos conformamos con vivir sino que queremos habitar. Me acuerdo de nuesta costumbre de adquirir viviendas por no alquilar. Y no nos sirven cuatro paredes no, tenemos que grabarlas a cincel para dejar la impronta. Los que preferimos movernos en tienda de campaña lo vivimos menos, pero es así.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Asi vamos, amigo Carlos, siguiendo costumbres que no son nuestras y no buscando lo autenticamente nuestro.

      Gracias y saludos.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

ESTAMBUL ESTÁ VIVA

En su diversidad En su tradición En su actualidad En su juventud En su comercio En sus aguas dulces Y saladas En sus cafés En sus mezquitas  En su continuo fluir El ocaso no la alcanzará

POLÍTICA Y ARQUITECTURA

Los humanos sentimos la necesidad de la renovación, del cambio, y luchamos para ello con la permanencia y la tradición. Todas las civilizaciones han seguido el camino de la renovación y del cambio salvo, quizá, la antigua civilización egipcia, que se mantuvo durante casi tres mil años fiel a sí misma, y la antigua civilización china que hizo lo propio durante casi dos milenios. Entre otras edificaciones, las catedrales medievales europeas son un buen ejemplo de esas inclinación y realidad humanas en un momento de la Historia especialmente constructivo, el momento en que la ciudad toma cuerpo y pasa a ser referencia ineludible de la vida en sociedad. La catedral se convierte en causa y consecuencia del desarrollo urbanístico en la Baja Edad Media. El afán de renovación de los humanos se encuentra bien reflejado en las decisiones que se tomaron en las ciudades respecto a las catedrales existentes. En Burgos, un ejemplo entre otros, se optó por destruir la antigua catedral ro...

¿CRECE LA INSENSIBILIDAD?

Lo sensible humano se podría definir como la relación que tiene nuestra realidad con el mundo, con los demás seres vivos, con los de nuestra especie, con las realidades pretendidamente inanimadas, con el aire que nos mantiene vivos, la tierra que nos sustenta y el agua que nos alimenta. Hasta aquí lo sensible se revela como una categoría que tenemos en común con el resto de seres vivos. Pero en nuestro caso, el humano, parece haber además algo especial, nuestra mente, esa materia que es capaz, a través del lenguaje, de dar forma a cualquier realidad posible hasta el punto de reinventarla o aparentar que es capaz de crear nuevas realidades. Transformamos lo sensible en sensibilidad gracias a nuestra mente, a la capacidad de simbolización que el lenguaje y la escritura nos ofrecen, y a esa incesante capacidad constructiva (y destructiva) que poseemos y que ha cambiado la faz de la Tierra. Y la sensibilidad, anclada en lo sensible, se desarrolla en nuestra mente sin dar la esp...