Ir al contenido principal

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (28)


 
 
 
VIGÉSIMO SÉPTIMA EMOCIÓN
 

 
No he hablado con nadie sobre la compañía que soportamos; observo esta nueva ya vieja realidad y camino sin fin con sensaciones que no son las de antes. La tristeza ahora es recuerdo. La alegría ahora es novedad. El asombro es niebla que no deja ver lo que anhela la curiosidad. El amor es un futuro que nunca llega, como si el deseo fuera una enfermedad, no el motor de la vida y del acercamiento a la muerte, eso que hoy parece un imposible.
 
 
Creo que todos nos hacemos grandes preguntas sin dirigírnoslas unos a otros. ¿Quién fue el primero que tuvo compañía? ¿O todos nuestros compañeros aparecieron al mismo tiempo? ¿Hemos sobrevivido a la pandemia solo aquellos destinados a tener compañía? Los demás, los desaparecidos, los muertos, ¿no habían tenido vidas que provocaran lo que ahora nos sucede?... ¿Eran sus vidas más simples o más complicadas que las nuestras? ¿Quizá ellos, los otros, no soportaban una culpa y nosotros sí? ¿Hay causa para aquello que nos sucede, para nuestra supervivencia, o nuestro fluir es un paso evolutivo sin nombre, cuya descendencia, hoy por nacer, será capaz de inventar palabras que nos definan?
 
 
La mirada de Alejandra, su última mirada, la que pude disfrutar y sufrir justo antes de que viera por primera vez a mi compañero, parece abrir la posibilidad de algunas respuestas, aunque yo no sepa descifrarlas.
 
 
En su mirada había el recuerdo del amor que yo le tuve, la tristeza de la pérdida que se abría en ese momento, la suya y la mía, el deseo de que todo hubiera sido de otra forma o, mejor, que el final de todo no sucediera ni se narrara de aquella forma que se convertía en imposible, que evitaba cualquier desenlace, que nos situaba a los dos en una situación ya para siempre insuperable.
 
 
En su mirada inolvidable, brumosa y lúcida, quizá se encontraba lo que hoy ocurre, lo que estoy escribiendo, lo que sucede con mi vida y mi compañero. Me cuesta decir “con” mi compañero porque no hay vida con él, quizá porque no la habría tampoco sin él. La aparente eternidad es un sino que me abruma y me consuela. No sé si algún día alguien o yo mismo podremos describir las sensaciones nuevas, los nuevos sentimientos, que la situación actual nos hace padecer, nos lleva a inventar y nos atenaza. Antes, cuando lo real parecía existir, la tristeza y la melancolía, como la plenitud y la alegría, nos acompañaban o nos evitaban. Al menos así sentíamos la mayoría de humanos. Hoy aquello, que se antoja como un conjunto de facetas de la felicidad, se ha transformado en un transcurrir infinito en el que vivimos sin saber qué hacer con esta vida. Somos como animales a los que se les hubiera dotado de una conciencia parecida a la humana, pero sin el acceso a la palabra. Un imposible que nos convierte en una nueva especie gracias a la cual, según podemos constatar, vive esa otra especie que constituyen nuestras compañías y que quizá termine por eliminarnos o sea capaz de, en simbiosis, devolvernos lo que hoy solo puedo denominar como verdadera vida. ¿No lo es la que tengo? No sé responder. En esta vida (o no vida) hay aún más preguntas sin respuesta que en la anterior, solo que bañadas en una soledad a la que se accede sin acontecimientos, sin que la compañía de los otros, esa que parece haber sido sustituida por los compañeros que caminan junto a nosotros, afecte a la existencia, o a la supervivencia.

Comentarios

Entradas populares de este blog

ESTAMBUL ESTÁ VIVA

En su diversidad En su tradición En su actualidad En su juventud En su comercio En sus aguas dulces Y saladas En sus cafés En sus mezquitas  En su continuo fluir El ocaso no la alcanzará

POLÍTICA Y ARQUITECTURA

Los humanos sentimos la necesidad de la renovación, del cambio, y luchamos para ello con la permanencia y la tradición. Todas las civilizaciones han seguido el camino de la renovación y del cambio salvo, quizá, la antigua civilización egipcia, que se mantuvo durante casi tres mil años fiel a sí misma, y la antigua civilización china que hizo lo propio durante casi dos milenios. Entre otras edificaciones, las catedrales medievales europeas son un buen ejemplo de esas inclinación y realidad humanas en un momento de la Historia especialmente constructivo, el momento en que la ciudad toma cuerpo y pasa a ser referencia ineludible de la vida en sociedad. La catedral se convierte en causa y consecuencia del desarrollo urbanístico en la Baja Edad Media. El afán de renovación de los humanos se encuentra bien reflejado en las decisiones que se tomaron en las ciudades respecto a las catedrales existentes. En Burgos, un ejemplo entre otros, se optó por destruir la antigua catedral ro...

¿CRECE LA INSENSIBILIDAD?

Lo sensible humano se podría definir como la relación que tiene nuestra realidad con el mundo, con los demás seres vivos, con los de nuestra especie, con las realidades pretendidamente inanimadas, con el aire que nos mantiene vivos, la tierra que nos sustenta y el agua que nos alimenta. Hasta aquí lo sensible se revela como una categoría que tenemos en común con el resto de seres vivos. Pero en nuestro caso, el humano, parece haber además algo especial, nuestra mente, esa materia que es capaz, a través del lenguaje, de dar forma a cualquier realidad posible hasta el punto de reinventarla o aparentar que es capaz de crear nuevas realidades. Transformamos lo sensible en sensibilidad gracias a nuestra mente, a la capacidad de simbolización que el lenguaje y la escritura nos ofrecen, y a esa incesante capacidad constructiva (y destructiva) que poseemos y que ha cambiado la faz de la Tierra. Y la sensibilidad, anclada en lo sensible, se desarrolla en nuestra mente sin dar la esp...