Hace cincuenta años, sí, 50, que escuché por primera vez completa una ópera de Richard Wagner. Tenía yo 16 años y buscaba experiencias musicales (entre otras muchas experiencias que buscaba y con las que me encontraba) importantes. Me regalé, tras ciertas dudas, La Valquiria, segunda "jornada" de las cuatro que componen El anillo del nibelungo. ¿Y por qué la segunda y no la primera? Porque en ella yo sabía que se encontraba la famosa cabalgata, una música que hasta para los más ignorantes era conocida, casi un lugar común. Demasiada poca edad y demasiada mucha como para que llegara a mi vida el arte hecho sonido y recreación del pasado que mira al futuro. En mi familia, por una de esas casualidades nada casuales que suceden en todas las familias (los antepasados, la guerra, la muerte, el amor, los recuerdos…) siempre se había recordado la cabalgata de las mujeres diosas que daban a luz el consuelo eterno puesto que no podían ni ¿querían? ...