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EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (3)

      SEGUNDA EMOCIÓN   Voy a contarte a ti, mi querido Raúl, una historia inevitablemente inventada de mi vida. Te he elegido a ti, el hijo nunca nacido ni engendrado, porque no existes materialmente, como no existe aún, en este momento, la narración de mi pasado, de mi presente recreado. Fuiste una posibilidad que nunca llegó a materializarse, o como se pueda definir aquello que es el existir de alguien. Eres el hijo que no tuve con Laura porque me negué a ello, a pesar de su insistencia y de la de María, la que nunca llegó a ser tu hermana. Quiero que sepas que no naciste a finales del siglo pasado, en ese momento del mundo en que lo moderno empezaba a dejar de existir y se preparaba lo virtual, lo que constituyen hoy las inasibles redes que nos mueven y conmueven de una forma que sé que tú hubieras llegado a comprender y en las que yo no participo conscientemente aunque, de manera inevitable, forme parte de ellas.   Este es un libro de memorias y, ...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (2)

    PRIMERA EMOCIÓN   Un niño soñaba que jugaba con otros en un jardín junto a un pozo. Andando el tiempo se convertiría en su primer recuerdo, entonces no podía saberlo. Se sentía extraño y feliz en aquel espacio que él veía desde arriba, como si fuera un observador subido a un árbol. El sueño era de color gris. Nada que ver con el gris de la melancolía. Era el gris de las nubes bajas y prometedoras, de la fertilidad que aún no ha caído en la tierra. Era el gris del futuro indefinible, de la felicidad insospechada. Era el color en el que se convertiría la afirmación de su propia vida, no un color triste, sino un color que podía representar cualquier otro, como en una vieja fotografía en la que la sonrisa de un niño antiguo parece colorear todo su entorno. Los niños jugaban alrededor de un pozo, corriendo y divirtiéndose sin saber a qué achacarlo, lo suficientemente lejos de sus padres como para sentirse libres, lo suficientemente cerca como para sentirse seguros. E...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (1)

    Desde el límite voy a describir mis emociones, que no mis pensamientos o raciocinios, puesto que aquellas, en apariencia, son la excepción en mi vida. Deseo, recreándolas aquí, mostrar cómo se convierten en su auténtica esencia (suponiendo que pueda existir una esencia en estos tiempos descreídos, con lo que no quiero decir que sean tiempos faltos de fe sino de conocimiento).   Soy alguien parco en palabras, como corresponde a un ser (si es que todavía se puede usar esa palabra), que valora el pensamiento y la razón como fundamento y efecto de la acción. ¿Un ilustrado? Quizá más bien un tataranieto de la Ilustración. ¿Un posmoderno? Mi tiempo es el de la posmodernidad. Mi ilusión es el individualismo como posibilidad irrealizable ante la consciencia de que sólo en sociedad sobrevivimos como individuos. Pretendo desmentir mi parquedad verbal con las memorias que espero y deseo que tengas el placer de leer a continuación. Quizá de esta forma quede desmentida, para...