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PAPELES PÓSTUMOS DE ·ROJO" (XIV)




No he podido, o sabido, encontrar otra forma de hacer pública mi penúltima novela que publicarla por entregas aquí.

Eso voy a hacer en los próximos días, un fragmento por día, en paralelo a mi página de Facebook:

https://www.facebook.com/independiente.trashumante

Su título es:

PAPELES PÓSTUMOS DE “ROJO” (copyright Alfonso Blanco Martín)

 

 (Quien desee tenerla y leerla completa, no tiene más que escribirme a trasindependiente@gmail.com, o por “messenger” en Facebook, y por 10 euros (gastos de envío incluidos) se la imprimiré y se la enviaré dedicada por correo)

 

***

 

He comenzado esta crónica, este recorrido por el hoy, con un cuento dedicado a ella, a Lucía, un cuento que pretende ser ella misma contemplada desde mí en su intimidad. He intentado en esas palabras ser ella desde mí mismo. Un imposible que me hace soñar, que actualiza en estos momentos, mientras escribo, el amor que siento por ella, la pasión que me produce compartir buena parte de mi vida y todo lo que quizá soy con ella, aun a pesar de que a veces a ella misma le disguste mi actitud. Sé, entre otras muchas razones y sensaciones que ella me provoca, y lo sé por la manera en que me mira cuando estamos juntos, que yo le gusto pero que hay algunas cosas de mí que, inevitablemente, le disgustan o que le provocan echar de menos o recordar con melancolía otras vidas que tuvo antes de la que tiene conmigo. Otras costumbres, otros hombres (lo escribo, aunque me cueste hacerlo). Unas vidas que siempre he imaginado que se terminan definitivamente en un antes de que me conociera y que convierten esos momentos, sus momentos anteriores a nuestro encuentro, ese durar suyo previo a nuestra vida juntos, en algo parecido a otro territorio, a otro país, a un lugar que agradezco sea inaccesible para mí, lejano y que no volverá a hacerse presente.

Lucía me ha devuelto a la inocencia, una experiencia impensable antes de conocerla y que se ha encarnado en nuestro amor de una forma misteriosa que agradezco y procuro despabilar como a unas brasas que servirán siempre para calentar y para poder encender el siguiente fuego, solo con el añadido de la leña cotidiana de la vida y con el recuerdo de la leña de lo que fue la historia de mi vida hasta que la conocí, hasta que nuestro encuentro produjo este nuevo fuego en el que ahora me consumo con agrado y en el que deshago los recuerdos de quien fui y quise ser antes de conocerla.

Se me cae la palabra de la mano cuando pretendo recordar esa vida anterior a ella que no deseo llamar vida, pero que sin duda lo fue. Esto que soy hoy es el resultado de aquello que sucedió antes de conocer a Lucía, pero solo, únicamente, porque la encontré a ella, porque nos amamos en un continuo que hoy sigue vivo de una forma que, aunque me cueste, debería llamar mágica. Su poder, el de Lucía, el de estar con ella, ha sido superior a mis hechos vitales anteriores a ella. Y pienso que esto no le ocurre a ella porque creo que su pensamiento, su sentimiento, sabe descomponerse en recuerdo y presente de una forma que puedo describir, aunque no sepa vivir en carne propia.

(Continuará)

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