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EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (62)

      SEXAGÉSIMO PRIMERA EMOCIÓN Hoy distingo una maraña De naturaleza y realidad     Se han abierto mis sentidos Como si pudiera incluir en ellos Todo lo estático y lo animado     Estoy mirando desde el otro lado Como si existiera Y la fruición de poder hacerlo Genera la posibilidad de negarlo     Cuándo, dónde y cómo Son regalos del azar Así la vida se funda En senderos por recorrer En ligereza rotunda, en posibilidad de no ser

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (61)

    SEXAGÉSIMA EMOCIÓN Las apariencias de tiempo y espacio parecen, como corresponde a la propia definición de apariencia, que hayan sido nuestras coordenadas. Escribo apariencias porque las últimas hipótesis de la física parecían a su vez desmentir que esas fueran nuestras coordenadas reales (y seguiremos pendientes de definir lo que pudiera ser la realidad, sobre todo tras los últimos acontecimientos). Pero la apariencia del mundo, de nuestra forma de vivir en él, de sentirlo y pensarlo, era nuestra casa y es razonablemente dudoso que podamos superar lo que quizá era una de nuestras principales limitaciones, las que daban forma a nuestra vida y nos hacían intervenir en el mundo, o lo que hoy es soportarlo.     El espacio en que vivimos nos supera si miramos hacia el cielo o soñamos con el macizo que nos sostiene. Quisiéramos aquilatarlo, quisiéramos que tuviera unas medidas asumibles por nuestras capacidades, esas que deseamos infinitas y sabemos tor...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (60)

    QUINCUAGÉSIMO NOVENA EMOCIÓN En aquella otra vida hoy tan lejana, aunque tan cercana en el tiempo, conocí muchos y variados lugares. Barrios, bares, monumentos, bosques, casas, montañas, museos, tiendas, puentes, rocas, jardines... Nunca llegué a saber distinguir entre todos esos tipos de lugares y los lugares en los que se ubican. ¿Me encontraba en un momento dado sobre un puente o sobre el río que lo cruza? ¿Estaba situado en otro momento en el interior de un bosque o sobre un monte cubierto por árboles? Casi seguro que no hay una respuesta clara a la pregunta sobre qué es lo que solemos denominar lugar.     Cuando uno viaja tiene la sensación de visitar lugares y lugares dentro de lugares. Un barrio de una ciudad podría ser buen ejemplo de lo que digo. Pero de los lugares que uno va conociendo en los viajes hay algunos que tienen una categoría especial, ¿o se le podrá aplicar esa categoría a todos y cada uno de ellos? Tengo la sensación de que, contemplados e...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (59)

    QUINCUAGÉSIMO OCTAVA EMOCIÓN Todo (me) era posible. Y todo (me) fue posible. La juventud consistió en ello, en esa creencia en lo posible y en la constatación de que lo que no llegaba no dejaba de ser posible. Ese todo que fue posible consistió en lo que deseé y en lo que el deseo transformó en realidad, con un incumplimiento que no sentí de esa forma, pero que ha llegado a ser hoy la realidad de la vida actual, la mía y la del mundo. Deseé lo que muchos otros desearon y no supe ver que coincidía con ellos, ni me importó ni supe apreciarlo.     La impresionante parquedad geográfica en la que se movieron, o se detuvieron, mi infancia y juventud, sería una de las bases de mi anhelo, como si fuera una de esas cajas que se esconden en los cimientos de algunas casas cuando se van a construir y que contienen recuerdos personales o testimonios del momento en que se entierran.     Aprendí pronto que la vida es nuestra única garantía y que la muerte es nuestra ú...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (58)

    QUINCUAGÉSIMO SÉPTIMA EMOCIÓN Un zorro se me quedó mirando. No era la primera vez que me sucedía algo así, pero las otras veces ocurrieron en la otra vida. Mi caminar parecía interesarle más que amedrentarle, como sucedía antes. Yo me desvié para acercarme a él y no movió ni un músculo. Pareció husmear el aire, como en busca de una caza en la que mi presencia no interfería. Quizá yo no existía para él, quizá no existo.     ***     El niño con el que me crucé (y no era la primera vez que me cruzaba con un niño solo, sin compañía, al menos la de un adulto como yo mismo) me miró, detuvo su paso como si se hubiera encontrado con alguien conocido y me cogió la mano, cambiando el sentido de su caminar y adecuándolo al mío.     Le saludé y le pregunté cómo se llamaba. Me miró y no dijo nada. Seguí hablando para animarle, de mi ciudad, del río que echaba de menos, como si la realidad fuera esa...     No dijo ni una sola palabra, aunque sus o...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (57)

     QUINCUAGÉSIMO SEXTA EMOCIÓN La luz y la humedad juegan con quien fue trabajador o hambriento, aunque hoy ya solo pueda ser caminante, con la planta y con el animal. Ambas están en el pez, en la tierra, en la vida artificial, la humana, y en la natural, la que representa la nube.     Brillo y agua acogen y expulsan. Se hace necesario venerarlos y darles de lado, gozarlos en un abrazo que solo ellos son capaces de generar. Su tacto es falso. Brillan los objetos que se pretenden animados y solo hay reflejo húmedo en los inanimados.     Ellas nunca se detienen, son cambio que mira sin ver. Nuestros ojos parecen protagonistas y son meros intermediarios; en ellas la mirada cree poseer la luz tamizada por la humedad.     Solo hay juego; solo hay efímera presencia; solo hay traspaso de intercambios en un fluir que se escapa del tacto y de los sueños.     Y hay una rendija en el fluir de lo que acontece, de la misma vida, No existe para...

EL LIBRO DE LAS EMOCIONES (56)

    QUINCUAGÉSIMO QUINTA EMOCIÓN Si pudiera compartir aquello que mueve y remueve las fibras elásticas de mi espíritu, que otros comprendieran que tras palabras, luces, historias, versos y encuentros, en ellos y con ellos, vivo la vida que tengo en común con los demás y que recreo continuamente porque la supervivencia me mata.     Si pudiera transmitir a todos que lo pasado solo es lecho de resurrección constante, necesidad de abolir lo necesario, tumba admirable que deja pasmado al presente y sirve para el impulso hacia arriba, el que me aleja de la tierra sin limpiar mis zapatos del barro sobre el que piso, sobre el que pisamos todos.     Si pudiera querer lo querido, lo inventado continuamente, para poder hablar con todos en un lenguaje nuevo cada vez y que participe de todo lo ocurrido, de cada detalle cuya relevancia es la aportación de la sensación de cada quien, de su transcurrir en la acción sentimental y reflexiva.     Si pudiera llegar a...