Ir al contenido principal

Entradas

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (24)

    Con la lengua fuera y un jadeo enronquecido voy subiendo el camino que me lleva a los lagos. Me ahogo. Tendré que hacer caso a Luis y caminar de a poquito para poder llegar. Buf, aprecio más a esa vaca apestosa que pasta que a Luis. No me importa que tenga razón, pero su suficiencia respecto a mi persona me pone de los nervios. Todavía no sabe que a mí no me importa quedar o no por encima y él, con sus dulces ojos azules que parecen compasivos no desea otra cosa que demostrar su valía y suficiencia.     Este recuerdo marca mi vida. Unas vacaciones con amigos en las hermosas montañas que nos separan de, y nos unen a, Europa; una juventud por malgastar, unas ideas en nada ensombrecidas por el peso y el paso de la vida, unas sensaciones siempre nuevas, siempre ligeras, una intensidad irrepetible sin saber que así era.     Volví al lugar que nos acogió. Volví muchos años después y debía existir justo donde lo busqué, pero la naturaleza había borrado su huel...
Entradas recientes

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (23)

                                                                                                               Todo (me) era posible. Y todo (me) fue posible. La juventud consistió en ello, en esa creencia en lo posible y en la constatación de que lo que no llegaba no dejaba de ser posible. Ese todo que fue posible consistió en lo que deseé y en lo que el deseo transformó en realidad, con un incumplimiento que no sentí de esa forma, pero que ha llegado a ser hoy la realidad de la vida actual, la mía y la del mundo.     Deseé lo que muchos otros desearon y no supe ver que coincidía con ellos, ni me importó ni supe apreciarlo.     La impresionan...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (22)

      Con un poco de esfuerzo alegre iba viviendo yo mi vida. Me equivoqué sin pretenderlo y sin saberlo. No basta el recuerdo, se necesita la muerte para llegar hasta el lugar del abandono necesario e irrenunciable.     ***     Levanté una esquina de la parda alfombra del deseo y encontré bajo ella el color, era como un polvillo exquisito que quise tocar. De inmediato, la alfombra me envolvió y comenzó el sueño.     ***     La tiránica alegría del poder modela miseria. Es la falacia de la no intervención.     ***     Cuando se reflexiona, el músculo se carga de vida y la vista percibe nuevos e inútiles colores.     ***     Sin habla no habría nadie, sin sueño todos serían muertos.     ***     Si el mundo fuera una cesta la compañía de los otros serían los agujeros que dejan entre sí el entretejerse de las fibras que la componen.     ***     De rodillas ...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (21)

      ***     He visto mi cadáver He imaginado la no vida Lo incompleto se hizo completo La tristeza fue celebración Será     Un momento de plenitud Una falta que aleja La posibilidad de lo que no termina     Bendición del límite Atracción de lo abismal Suavidad de lo realizado Tiranía transitoria Fin que inicia Recuerdo con futuro Comienzo de la vida     ***     ¡Cadáver! ¿Qué haces ahí? ¿Quién llora? Los conozco a todos     En el arrastrarse Hacia la fosa cenicienta Hay consuelo desesperanzado     La nada todo lo espera Quien tiembla tiene futuro ¿Y tú, temblaste?     En la sensación termina la pregunta Cadáver, eres yo     ***

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (20)

      (Yo) he sido mis circunstancias, como le ocurre a cualquiera. El lugar de nacimiento, las características personales genéticas y aprendidas, la familia, la fortuna del entorno…. He jugado con ellas y ellas conmigo, como todo el mundo. Y he hecho algo más. Me he enfrentado a ellas; en muchos casos no he seguido sus indicaciones o los moldes que me proponían. He hecho cosas y tomado decisiones que iban en contra de mis circunstancias o me alejaban de ellas.     Dedicarme a perder el tiempo ha sido quizá la más intensa de mis inadaptaciones. Unas veces perdiéndolo a ojos vista, otras perdiéndolo mientras lo ganaba en actividades que solo a mí interesaban en cada momento. Actividades improductivas, en el sentido económico, que he sentido como lo mejor que podía hacer y, en algunas ocasiones, como lo peor     Ocasiones en que sin duda he perdido el tiempo, ocasiones en las que no he sabido salirme de sus imposiciones por arrepentimiento. Qué absurda s...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (19)

      Hace cincuenta años, sí, 50, que escuché por primera vez completa una ópera de Richard Wagner. Tenía yo 16 años y buscaba experiencias musicales (entre otras muchas experiencias que buscaba y con las que me encontraba) importantes. Me regalé, tras ciertas dudas, La Valquiria, segunda "jornada" de las cuatro que componen El anillo del nibelungo. ¿Y por qué la segunda y no la primera? Porque en ella yo sabía que se encontraba la famosa cabalgata, una música que hasta para los más ignorantes era conocida, casi un lugar común.     Demasiada poca edad y demasiada mucha como para que llegara a mi vida el arte hecho sonido y recreación del pasado que mira al futuro.     En mi familia, por una de esas casualidades nada casuales que suceden en todas las familias (los antepasados, la guerra, la muerte, el amor, los recuerdos…) siempre se había recordado la cabalgata de las mujeres diosas que daban a luz el consuelo eterno puesto que no podían ni ¿querían? ...

PEQUEÑAS CONFESIONES AUTÓNOMAS (18)

      Me veo en la que fue mi habitación, el pequeño espacio de las contradicciones y las afirmaciones, del sufrir y del gozar, del olvidarse del tiempo, de sentirlo en su inexistencia agobiante. El lugar en el que me definí rodeado de madera, de libros, de la mesa en la que estudié y en la que descubrí mi pubertad. Es casi imposible resumir o citar el cúmulo de vida que allí quedó y que porto conmigo. La pienso ahora con regocijo, sin melancolía, y me alegro de poseerla, de que me haya poseído y siga viva en mí, con sus pequeñas dimensiones, con la cercanía de mis padres, con el deseo de su lejanía, con las noches, los descubrimientos, las actividades, los encuentros con los amigos, los juegos en solitario y en compañía. En aquella habitación cabe el infinito aunque yo sea finito, aunque una vez que me veo en ella todo sea simple y pequeño, un cúmulo de anécdotas intercambiables con muchos otros niños, adolescentes y jóvenes. Pero lo piense como lo piense y lo recuerde c...