Un panorama contemplado junto al embalse de Entrepeñas en el que las "tetas de Viana" (a la derecha, al fondo) se repiten de alguna forma en las construcciones de la central nuclear de Trillo (a la izquierda). Hay algo inquietante en esa convivencia visual, paisajística y humana, algo que convierte el paisaje en definición posible de nuestro ajardinar el mundo con una habilidad y una torpeza solo dignas de nuestra especie. Dignidad e indigencia nos rodean siempre, en casi todo lugar, en esa invención tan nuestra que denominamos tiempo. Lo natural, es decir, el espacio, cubre lo artificial, es decir, el tiempo. El brillo parece iluminar la apariencia de realidad. La sombra parece dar vida a lo posible que, ya soñado, abre el mundo a la real realidad. Cielo y pensamiento se complementan como un sentimiento que ha encontrado su lugar de reposo y crecimiento.
EPÍLOGO X PLACER, DOLOR, PLENITUD La realidad me persigue, la aparto. Yo deseo a su hermana realidad. Ella, la realidad, quiere seducirme. Yo me inclino ante realidad, solo quiero el roce de su mano. Los besos de la realidad me inflaman. Yo quiero que realidad me mire con su mirada inabarcable. La realidad me puede. Realidad provoca que la muerte tenga sentido, que mis sentidos sirvan al placer de no pensar, que la sensación se expanda, que haya vida en realidad. Que lo que se puede sentir sea sentido.