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UN SIGLO DE ARTE

 



Dos grandes obras de dos artistas que estimulan mi sensibilidad, que la incluyen como parte de mis reflexiones y que convocan a la reflexión a partir de su palpitación propiamente sensible.

Dos planteamientos plásticos que tienen algo en común en sus puntos de partida aunque su realización y forma estén separadas por casi un siglo de distancia.

Desde Monet (1840-1926) hasta Lichtenstein (1923-1997) ¿qué sucede? Es el arte el que se sucede. Todo parece haber cambiado en ese lapso de tiempo, incluso el lugar capital del arte (de Europa se traslada a Estados Unidos).

¿Los dos artistas, sus obras, aceptan la guerra, las guerras que se suceden en el mundo en ese siglo que ocurre entre sus obras; afirman o niegan la realidad; desean el cambio; la evolución, el progreso; se sienten parte de un destino?

El impresionismo es la mayor revolución artística que ha habido nunca. El arte pop es la enésima revolución artística del siglo XX, una revolución que quizá asume definitivamente lo que inició la revolución impresionista: el fin del simbolismo en el arte y en la vida.

Entre ambas obras, en su conjunción, se atisban muchos matices, los de las obras de Picasso, por supuesto, pero también se entrevé el expresionismo, el dadaísmo y la abstracción mientras la democracia se expande por el mundo con todas sus contradicciones, el sistema de bloques llega a su cénit y comienza su caída para abrir el campo hacia los países que se consideran del Tercer Mundo y que inician el camino de convertirse en la alternativa continuista del sistema globalizado.

Hay tanto que disfrutar y reflexionar en torno a solo dos obras de arte que tocan la sensibilidad de alguien que desea entregársela, que toda palabra y vida queda corta ante las sugerencias que colores y formas aliadas con la poesía proporcionan en un recorrido sin fin por lo que hemos sido, somos y quizá seamos.

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