En bastantes ocasiones, en conversaciones amistosas entre amigos o familiares y hablando de un tercero se hace referencia al vacío de su vida o a su vida vacía. Eso es algo que también leemos en novelas y escuchamos en películas.
Yo mismo he pensado a veces que mi vida está vacía, pero reflexionando sobre esa reflexión mientras la memoria abre puertas y ventanas me he dado cuenta que tanto las conversaciones amistosas como las novelas, biografías, películas y mi propia reflexión se están refiriendo con ello sin saberlo a "una vida llena". Y ¿de qué?, de búsqueda, de melancolía, de usufructo de sensaciones, de pensamientos inútiles, de acciones para el arrepentimiento, de situaciones cuya eternidad se embosca en el alma, de apetitos sin diluir, de metas por alcanzar a las que nunca se llegará, de vidas paralelas y vidas tangentes que proporcionarán esquivas realidades a todo aquello que se echa de menos y empuja lo mejor que uno no posee hacia el lugar y el tiempo que se desconocerán.
He dedicado una parte de mi vida en longitud y en volumen a la fotografía, y esa actividad no solo es la búsqueda de una realización estética sino la constatación de que hubo unos espaciotiempo concretos en la vida que, en su presente, significaron mucho, y en su pasado significan más o algo más y otra realidad, la de la memoria, la de la construcción del alma propia, la de la compañía y la soledad, la del recuerdo de otros y el propio, la de la llamada a la vida y el reconocimiento de la muerte, la del instante que transcurre y la de lo vivido que se fija como si la carne y la piel fueran piedra y cristal.
Hoy muestro con una sensación que no tiene nombre imágenes de flores que no lo son, son vivencias y capturas de presentes que en cada momento se identifican con formas y luces que mis capacidades son incapaces de decir y mostrar sin el intermedio de esa actividad que en mi caso es la misma vida.
En esas formas únicas que claman por la belleza está la Oporto melancólica y activa que es humedad seca, la colegiata de Toro que llama en sus antiguas piedras pintadas al río que parece rehuirla, la Cagliari que se eleva frente al mar renegando de su llamada, la sencillez bajo la lluvia ante el palacio que fue el centro del mundo cerca de Berlín, o la flor del jardín occidental en la bella y dura Marrakech.
Recuerdos con forma y que dan forma al lleno y al vacío de mi vida, de la vida.





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