Ir al contenido principal

PEQUEÑOS VIAJES A PIE II (en Estambul)


Las ciudades grandes, pequeñas, indígenas, hiperdesarrolladas, turísticas, marineras, orientales, subdesarrolladas, insulares, ofrecen tantas posibilidades de paseo como infinitos son sus matices, los que las unen y los que las desunen, dejando a un lado lo que hoy las uniformiza.

Hoy quiero recordar aquí las ciudades del agua. Son tan variadas como pueden serlo Hong Kong, Venecia, Hangzhou, Guilin, Miami, Amsterdam, Rodas, Estocolmo, San Petersburgo, Reggio Calabria, Siracusa, Lyon, Colonia del Sacramento, Cartagena de Indias, Copacabana o Panamá, por solo citar algunas de entre las que he tenido la fortuna de visitar.

Y una de ellas, quizá una de las ciudades más atractivas del mundo, es Estambul. Atractiva. No es la más bella, ni la más cuidada, ni la que mejor recrea su pasado ni configura su futuro, pero la suma de sus características sea posiblemente la más atractiva que existe: naturaleza, historia, culturas, desbordamiento, movimiento, juventud, tradición…

Vamos a recorrer unos barrios que unen las tradiciones más ancestrales de la ciudad con la vida más actual y auténtica de sus gentes mientras nos deleitamos en esa geografía única que acentúa el apasionamiento tan fácil de sentir en la ciudad que parece el centro del hemisferio norte, entre mares, continentes y culturas que la transforman en infinita.

Estación de metro Aksaray - Sofular Cd – Okumus Adam Sk – Feyzullah Efendi Sk –Fevzi Pasa Cd – Mezquita Fatih (tumba del sultán Mehmet) – Estadio Karagümrük – Yesilce Direk Sk – Kalfa Efendi Sk – Chora Museum – Kariye Türbesi Sk – Parque Kariye Sehir – Kuyulu Buhçe Sk – Kariye Imareti Sk – Jardines junto al Cuerno de Oro.

En este recorrido podemos disfrutar de parte de los auténticos barrios en los que se mueve la auténtica vida de las gentes de la ciudad, con sus tiendas de moda turca, sus bares cotidianos, sus bloques de casa no muy altos, algunos vulgares, otros una imitación en concreto de las antiguas casas de madera de dos pisos (y podemos encontrar algunas de ellas en nuestro caminar), sus capas de religión cristiana, judía y musulmana, sus pequeños mercados y tiendas de alimentación, su vida bulliciosa y pacífica.

En el centro de nuestro caminar encontraremos la iglesia de San Salvador de Cora (hoy Chora Museum) una joya de origen bizantino que nos hará recorrer los tiempos y espacios previos al imperio otomano con una sencillez que parece provocar recuerdos de épocas pasadas como si fueran recuerdos de la propia infancia. Desde ella descenderemos por calles acogedoras hacia los hermosos jardines que bordean el Cuerno de Oro y que convertirán la última parte de nuestro paseo en unos momentos plácidos, urbanos y llenos de evocaciones y experiencias tranquilas que, sin darnos cuenta, sin tiempo reconocible, nos devolverán, a partir del encuentro con el puente de Atatürk a la península que es el corazón otomano y bizantino que el mundo viene a disfrutar en este rincón de aguas que se encuentran y se ofrecen mágicamente a quien quiera unirse al atractivo fluir de una ciudad sin comparación con ninguna otra.












Comentarios

  1. Excelente ciudad esta que nos traes aquí. Este repaso rápido, pero con contenido, tuyo me lleva a la ciudad que también visité un día, rápido y veloz. No me lo perdono, pero tendré tiempo (eso espero) de rectificar mi visita. Auténtica ciudad con auténtica vida: un mundo.
    Un abrazo.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Te fascinará, sin lugar a dudas,amigo Blas. Allí parecen existir casi todas las vidas posibles. Muchas gracias.

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

RECUERDOS DE COLORES

¿LUZ NATURAL?

Una de las particularidades de la especie humana es la pretensión de convertir la luz en iluminación. La oscuridad, de la que huimos, enmarca, gracias a nuestros manejos, unas ansias iluminadas de aquilatar los efluvios del sol que nos conducen por caminos simbólicos con pretensiones de practicidad que abren posibilidades infinitas de estar a cubierto. El deseo, nuestro deseo, queda enmarcado así en una maraña de rayos de color que aparentan ser capaces de reinventar la vida y de negar la muerte, una vocación que parece destino irrenunciable, como si hubiéramos sido elegidos por la estrella que nos ilumina para darle un sentido a sus llamaradas ciegas.

PEQUEÑOS VIAJES A PIE I (en París)