Lo sensible humano se podría definir como la relación que tiene nuestra realidad con el mundo, con los demás seres vivos, con los de nuestra especie, con las realidades pretendidamente inanimadas, con el aire que nos mantiene vivos, la tierra que nos sustenta y el agua que nos alimenta. Hasta aquí lo sensible se revela como una categoría que tenemos en común con el resto de seres vivos. Pero en nuestro caso, el humano, parece haber además algo especial, nuestra mente, esa materia que es capaz, a través del lenguaje, de dar forma a cualquier realidad posible hasta el punto de reinventarla o aparentar que es capaz de crear nuevas realidades. Transformamos lo sensible en sensibilidad gracias a nuestra mente, a la capacidad de simbolización que el lenguaje y la escritura nos ofrecen, y a esa incesante capacidad constructiva (y destructiva) que poseemos y que ha cambiado la faz de la Tierra. Y la sensibilidad, anclada en lo sensible, se desarrolla en nuestra mente sin dar la esp...
Veo cierta inquietud en tu prosa/poesía sobre lo inquietud de los cementerios: unos lugares que yo, cuando me topo con ellos, no suelo despreciar. Me interno en su calles, paseo son 'inquietud' y admiro la paz, también lo ponzoñoso del ambiente.
ResponderEliminarUn abrazo,
[Tengo abandonado tu 'blog'. Creía que no escribías nada. No obstante, poco, poco. Bueno, como todos].
Me alegra mucho que vuelvas a él, querido amigo Blas. Y también que tengamos en común esos paseos por los cementerios. Muchas gracias y un abrazo.
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