Ir al contenido principal

"EL CEREBRO NECESITA EMOCIONARSE PARA APRENDER"




Eso dice un experto, y yo digo “el cerebro se emociona aprendiendo”. Al menos esa es mi experiencia desde niño, aun a pesar de la pesadilla de las clases memorísticas y dictatoriales con las que comencé a aprender en el colegio. Allí mi curiosidad tuvo alimento, aunque no estuviera muy bien aderezado, y aumentó su espesor que, desde entonces, nunca ha dejado de crecer.

Hoy la curiosidad y yo somos lo mismo, ella ha perdido su calidad de concepto, yo he disminuido la pasión por su empuje. Una simbiosis que vivo con alegría y que ilumina el camino que conduce a mi final. Sigo inventando las respuestas a las preguntas que la curiosidad me proporciona, y continúo preguntando al camino por dónde me conducirá.

Solo quiero añadir a mis vivencias el deseo de que otros, como yo, puedan emocionarse aprendiendo para que el camino del error que todos recorremos sea llevadero, ameno y punteado con el contento de enfrentarse a lo desconocido y aparentemente desvelado, con la experiencia de la alegría del reconocimiento en el no saber y del conocimiento inalcanzable que hace camino y horizonte vital, más acá y más allá de la muerte ineludible.

Comentarios

Entradas populares de este blog

POSTRES

Levanté una esquina de la parda alfombra del deseo y encontré bajo ella el color, era como un polvillo exquisito que quise tocar. De inmediato, la alfombra me envolvió y comenzó el sueño. *** La tiránica alegría del poder modela miseria. Es la falacia de la no intervención. *** Cuando se reflexiona, el músculo se carga de vida y la vista percibe nuevos e inútiles colores. *** Sin habla no habría nadie, sin sueño todos serían muertos. *** Si el mundo fuera una cesta la compañía de los otros serían los agujeros que dejan entre sí el entretejerse de las fibras que la componen. *** De rodillas pensaba que el mundo era una fiesta. *** Visto lo evidente mejor apagar la luz.

CALLEJUELAS

He perdido muchas veces mi habitual racionalidad paseando por estrechos callejones en pueblos y ciudades, pequeñas calles que ocultan el secreto de su origen y no muestran que exista un fin. Se puede intentar pertenecer a ellos mientras se camina para poder descubrir su secreto o para llegar a la conclusión de que el secreto mismo de la vida, de su permanencia y su inestabilidad se encuentra en la inclinación u horizontalidad de su existencia, la que siempre da vueltas y revueltas. Los callejones y las callejuelas son como ancianos juguetones que aparentan haber perdido la memoria y conservan, en cambio, en cada grieta, atisbos de lo que fue, de lo que es y de lo que será la propia vida y la que generamos entre todos, los que se asoman a los callejones y los que prefieren negarlos, eso que es la auténtica vida, la que formamos en conjunto por mucho que no paremos de despreciarnos; eso que una mujer tradicional asomaba en su curiosidad a la ventana de la ca...

MELANCOLÍA

Uno ha disfrutado y estudiado en imágenes las obras de la Antigua Grecia antes de verlas en directo, y esa es una experiencia que le reserva algunas sorpresas, entre ellas aparece la representación de sensaciones que no esperaba, unas más comprensibles que otras, y una de las más comprensibles e inesperadas es la representación de la melancolía en una faceta serena que sorprende y atrae mucho al contemplador que intenta vivir aquellas obras como si fueran algo suyo. Clasicismo, democracia, filosofía, convivencia, origen, ciencia, historia… son algunas de las palabras que con toda naturalidad se aparecen en la mente de quien recrea la Grecia Antigua, pero melancolía… No, no es lo que uno espera aplicar a aquella cultura desaparecida aunque muy viva hoy en los entresijos de los orígenes de nuestro estar en el mundo. Pero, claro, cuando se califica una civilización desaparecida se olvida fácilmente que, en ella, como en todas las civilizaciones y culturas, como en cualquier tiempo ...