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PAPELES POSTUMOS DE "ROJO" (LVII)


 

 

No he podido, o sabido, encontrar otra forma de hacer pública mi penúltima novela que publicarla por entregas aquí.

Eso voy a hacer en los próximos días, un fragmento por día, en paralelo a mi página de Facebook:

https://www.facebook.com/independiente.trashumante

Su título es:

PAPELES PÓSTUMOS DE “ROJO” (copyright Alfonso Blanco Martín)

 

 (Quien desee tenerla y leerla completa, no tiene más que escribirme a trasindependiente@gmail.com, o por “messenger” en Facebook, y por 10 euros (gastos de envío incluidos) se la imprimiré y se la enviaré dedicada por correo)



***

 

Así me crie, así crecí, así me rebelé sin violencia, y continúo siendo rebelde, inane, improductivo socialmente y feliz personalmente sin alcanzar la felicidad, rechazando la esperanza, superando la fe y combatiendo la caridad.
 
 
¿Cómo puedo concretar mis afirmaciones en los diversos sucesos de la vida, en los que yo he provocado y en los que han provocado los otros en mí? ¿Qué soy? ¿El que sabe lo que ha afirmado sobre sí mismo porque lo siente y defiende con vehemencia y pasión? ¿O el que se ve arrastrado por lo que sucede y le sucede, deduciendo, a partir de los hechos ocurridos, eso que cree ser? ¿O el que sabe que ser es una extrapolación, una hipótesis indefendible y seductora, que se superpone como aspiración, con soberbia, al auténtico estar, eso que cada uno de nosotros vive sin parar con la amenaza del sentido aderezando el transcurrir entre las dos muertes que inician y ponen fin a la vida de cada uno?
 
 
Soy el humano de las preguntas, evidentemente. Y en la pregunta me revuelco como un animal azotado por los aguijones y mordeduras de los insectos del vivir. La pregunta es la espesa capa que me protegerá de tantas incomodidades como surgen en el permanente estar en el mundo, en eso imparable e indefinible que supone la vida viva, ante la que no queda otra opción que sufrirla mientras se la goza, que gozarla mientras se la mata, que incorporarla a uno mismo como si no revelara la inexistencia de un yo, como si no afirmara que la vida es la protagonista en el mundo, no la vida propia sino la propia existencia de la vida. Solo podemos aspirar a experimentarla, no a detener su curso ni modificarla, es ella quien nos da forma mientras la palabra, ese invento maligno, mágico y único, nos hace creer, nos engaña diciendo que podemos crear, y nombra nuestras más íntimas inclinaciones con las letras del mayor y más inasible invento humano jamás aparecido, el amor.
 
 
(Continuará)

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