Ir al contenido principal

PAPELES PÓSTUMOS DE "ROJO" (XXVII)


 

 

No he podido, o sabido, encontrar otra forma de hacer pública mi penúltima novela que publicarla por entregas aquí.

Eso voy a hacer en los próximos días, un fragmento por día, en paralelo a mi página de Facebook:

https://www.facebook.com/independiente.trashumante

Su título es:

PAPELES PÓSTUMOS DE “ROJO” (copyright Alfonso Blanco Martín)

 

 (Quien desee tenerla y leerla completa, no tiene más que escribirme a trasindependiente@gmail.com, o por “messenger” en Facebook, y por 10 euros (gastos de envío incluidos) se la imprimiré y se la enviaré dedicada por correo)

 

***

 

- ¿Pero tú crees que nuestra amistad es real, la deseas, o solamente es algo que has buscado para desbaratarme? ¿Crees que yo te necesitaba –exclamé un día con malignidad-, que echaba de menos un amigo, alguien que parece envidiar mi relación con Lucía o que quiere desprestigiarla, no sé si a la relación o a ella misma? ¿Aquella mujer de la que me hablaste te hizo tanto daño que quieres vengarte en mi o en Lucía…? –y me iba desfondando mientras me expresaba con preguntas, como él; y no quería que se me notara, quería afirmar algo que lo alejara de su seguridad frágil y contundente, pero yo sabía que la falsedad que contenían mis palabras solo era reflejo de la mía propia, un escondite para mi inseguridad, como quien sabe, está seguro, que lo espera la muerte en la calle, y quiere seguir negándolo, no enfrentarse a esa guerra sucia trepando por las desvencijadas escaleras del edificio recién bombardeado y hablando con el compañero de lucha de lo que a él le obliga, de su entrega, de lo que le espera en esa calle lejos de su hogar y de lo que desea le espere en su hogar, al que no sabe si volverá, al que cree que no volverá, con una sensación de incumplimiento y satisfacción que lo deja inerme mientras se cumple la huida.
 
VII
 
Nuestra única verdad, la de cada uno de nosotros, esa que encontramos cuando dirigimos nuestra mirada ciega hacia el interior de nosotros mismos, es que estamos, no somos. Y nuestra alma en construcción se queja de esa verdad, aunque no podamos hacer nada por ella, por el alma en crecimiento, salvo, por supuesto, ofrecerle nuestro relato.
 
El único ser que somos mientras estamos es el relato propio, el que nos contamos a nosotros mismos a medida que olvidamos lo sucedido en cada poro de nuestra piel durante cada momento de lo vivido. Somos en el imaginado relato que, mientras estamos, narra las aventuras vividas por otro con nuestro nombre.
 
No queremos saber que no podremos poner la palabra fin cuando el relato termine, aunque podamos imaginar una serie de finales que adornan, sin dilucidarlas, las aventuras y desventuras que componen el relato que no podemos narrar a nadie, que solo es escuchado por la voz incierta que nos habita y que parece jugar con nuestra presencia fantasmal, la que los otros nos devuelven en su forma palpable y extraña a nosotros mismos.
 
Qué momentos aquellos en que atisbamos el relato de alguien con quien caminamos, momentos que superan toda emoción, que componen polípticos que superan cualquier construcción, que nos dan a conocer la materia impalpable que tenemos en común y que se disgrega en el aire como música que, acabada de nacer, se olvida. En esos encuentros, que solo la poesía es capaz de revelar, quizá se pueda desvelar el misterio de nuestra consciencia, la que compartimos unos con otros y la que somos incapaces de comunicar, encuentros llenos de energía, como agujeros negros que atraen y expulsan la esencia del universo finito, aunque inabarcable.
 
Estas palabras solo pretenden ser una celebración de todo aquello a lo que no podemos dar nombre, aunque podamos entrar en ello gracias a la soledad compartida que todos tenemos en común y de la que huimos, enlazadas nuestras manos, como anhelo del abrazo que el deseo nos propone y la muerte arrebata.
 
(Continuará)

Comentarios

Entradas populares de este blog

POSTRES

Levanté una esquina de la parda alfombra del deseo y encontré bajo ella el color, era como un polvillo exquisito que quise tocar. De inmediato, la alfombra me envolvió y comenzó el sueño. *** La tiránica alegría del poder modela miseria. Es la falacia de la no intervención. *** Cuando se reflexiona, el músculo se carga de vida y la vista percibe nuevos e inútiles colores. *** Sin habla no habría nadie, sin sueño todos serían muertos. *** Si el mundo fuera una cesta la compañía de los otros serían los agujeros que dejan entre sí el entretejerse de las fibras que la componen. *** De rodillas pensaba que el mundo era una fiesta. *** Visto lo evidente mejor apagar la luz.

EL PLACER DE LO HÚMEDO

  Hoy quiero compartir brevemente el recuerdo de unas tierras y unas aguas en los confines de Inglaterra, lindando con Escocia. Unos lugares que sirven de retiro estival a muchos británicos y que permiten vivir esos nuevos tiempos y espacios que son la esencia del viaje, de cualquier viaje. Entre los antiguos muros de Adriano y Antonino Pio que se convirtieron, pasado el tiempo del Imperio Romano para el que sirvieron de límite frente a los pueblos pictos, en símbolo del límite a su vez de las duras tierras norteñas, está enclavado el condado de Cumbria cuya capital, Carlisle, es buen ejemplo de tantas pequeñas y poderosas ciudades británicas cargadas de historia y de un presente muy activo. Entre Carlisle y Lancaster, hermoso exponente vivo de las férreas tradiciones inglesas y de sus civilizadas consecuencias, se encuentra Kendal, la pequeña ciudad de la que parten las rutas que recorren el parque natural del Distrito de los Lagos. Pasear por la orilla del río Kent a...

MELANCOLÍA

Uno ha disfrutado y estudiado en imágenes las obras de la Antigua Grecia antes de verlas en directo, y esa es una experiencia que le reserva algunas sorpresas, entre ellas aparece la representación de sensaciones que no esperaba, unas más comprensibles que otras, y una de las más comprensibles e inesperadas es la representación de la melancolía en una faceta serena que sorprende y atrae mucho al contemplador que intenta vivir aquellas obras como si fueran algo suyo. Clasicismo, democracia, filosofía, convivencia, origen, ciencia, historia… son algunas de las palabras que con toda naturalidad se aparecen en la mente de quien recrea la Grecia Antigua, pero melancolía… No, no es lo que uno espera aplicar a aquella cultura desaparecida aunque muy viva hoy en los entresijos de los orígenes de nuestro estar en el mundo. Pero, claro, cuando se califica una civilización desaparecida se olvida fácilmente que, en ella, como en todas las civilizaciones y culturas, como en cualquier tiempo ...