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PAPELES PÓSTUMOS DE "ROJO" (XLVII)




No he podido, o sabido, encontrar otra forma de hacer pública mi penúltima novela que publicarla por entregas aquí.

Eso voy a hacer en los próximos días, un fragmento por día, en paralelo a mi página de Facebook:

https://www.facebook.com/independiente.trashumante

Su título es:

PAPELES PÓSTUMOS DE “ROJO” (copyright Alfonso Blanco Martín)

 

 (Quien desee tenerla y leerla completa, no tiene más que escribirme a trasindependiente@gmail.com, o por “messenger” en Facebook, y por 10 euros (gastos de envío incluidos) se la imprimiré y se la enviaré dedicada por correo)



***

 

3
 
 
Pensaba en Luis mientras hablaba con los compañeros de trabajo, mientras hacía las tareas del trabajo o de la casa, cuando se iba a dormir, cuando despertaba, cuando sentía frío. No era un pensamiento continuo, era un pensamiento fragmentario y, con gran sorpresa para mí, perfectamente compatible con lo que hablaba, hacía, o con el resto de lo que pensaba. Se había situado en mi cerebro de una forma nueva, como si en todas mis actividades, en mi sentir y en mi pensar hubiera siempre una pequeña celda con una forma muy definida que era perfectamente compatible con el resto de mi vida, con todas y cada una de las acciones e ideas que se sucedían a lo largo de cada día. Y la sensación que esa nueva situación me producía era muy agradable, como haber conocido una capacidad potente y nunca probada que suponía un renacimiento, un renacimiento nada común y nada acorde con lo que habían sido los parámetros de mi vida hasta ese momento. Una sensación y una novedad que invalidaban todos mis escrúpulos, que los hacían desaparecer con la diafanidad de un nuevo conocimiento. El conocimiento de quien sabe unir su vida, soportar la vida con alegría y desea caminar por una senda que parecía haber sido creada por alguien desconocido pero muy afín a mí, por mí mismo con otras vivencias, con diferentes enfoques, con sentires paralelos a los míos.
 
 
4
 
 
Se me acercó Carmen de una forma diferente a su costumbre, sin displicencia, de una forma que parecía disolver el muro de cortesía y frialdad que, cada uno con materiales diferentes pero igual de sólidos, había contribuido a construir entre ellos.
 
 
(Continuará)

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